¿”En mis tiempos, sí había buena música”?

Texto: Cesar Covarrubias Yañez | @CesarCY_

Conozco fans de Metallica que no piensan que St. Anger haya sido su peor caída y con The Strokes sé de otros que el Comedown Machine no les provocó agruras. La semana pasada, después de ver unos Brit Awards que incluían la presentación de Coldplay, me puse a pensar en lo que muchos hablan sobre los británicos: “Su primer disco fue el mejor, jamás volverán a ser iguales“; “su segundo disco es pasable, ¿pero los demás?”; “ellos son los nuevos U2“.

Coldplay Paradise.gif

La realidad es que si muchos grupos fueran iguales durante toda su carrera no habría mucho progreso en la industria. Como ejemplo de locura e innovación pongo a los supergrupos, que siempre han sido necesarios para mantener esa exquisita sorpresa musical. El pensar que Thom Yorke, Nigel GodrichFlea  jamás se hubieran juntado en 2009 para crear Atoms For Peace por miedo al “qué dirán” es una aberración; o qué tal si menciono la creación de Temple of the Dog cuando Chris Cornell se acercó con Stone GossardJeff Amenty (Mother Love Bone) para rendirle tributo al recién difunto Andrew Wood en 1990 en donde la cereza del pastel sería Eddie Vedder. Hay historias para todos los gustos: Audioslave, A Perfect Circle, Box Car Racer (+44, Angels & Airwaves), Moderat, Velvet Revolver, Swedish House Mafia, The Dead Weather, Jack Ü… Se los dejo de tarea.

Creo que el buscar otras formas de expresar la música, en realidad no tiene nada de malo. Me doy cuenta que los que más se quejan son los que anualmente objetan en redes sociales sobre la monotonía de los carteles del Vive Latino o de los festivales en su localidad, pero que no se atreverían a escuchar bandas desconocidas como Los Vanems, por ejemplo. Ya les estoy hasta leyendo la mente: ¿Quién carajos son Los Vanems? ¡Tienen nombre de marca de tenis!“. ¡Ah! Pero eso sí, son los primeros en la fila de espera para aceptar la picadera de ojos que Ticketmaster les da con los boletos para ver a Guns N’ Roses The Rolling Stones. Entonces, ¿cómo pretenden apoyar a la industria para que la industria los complazca? Si es que eso es posible en algún universo paralelo (o perpendicular).

No tengo nada en contra del rock clásico. De hecho me gusta, y bastante; aunque ¿no sería atractivo ir a un bar en dónde toquen covers de The xx o Battles? No me voy tan lejos, un tributo a Tame Impala, para no dejar caer el hype. Y ya si se quieren poner muy nacionales, uno a Natalia Lafourcade. ¿Donde quedó el reto de expandir los horizontes musicales? ¿Qué caso tiene que hayan pasado grandes generaciones musicales pero que los grupos de covers sigan tocando lo mismo? Está bien que los chavorrucos dejen de escuchar música nueva, pero no chinguen, ¿yo qué culpa tengo? A mí también me gustan los grupos viejitos, aunque no estaría mal ver nombres nuevos pintados con gis blanco en los pizarrones de los centros nocturnos. Pero como a los bares no les genera un ingreso significativo, ¿por qué tendrían que salir de su zona de confort? La misma pregunta capciosa va para los músicos.

¿Podrían extinguirse los bares rockeros? ¿Qué va a pasar cuándo las generaciones que escuchan a las “bandas de antes” dejen de ir a bares por estar más preocupados en ir a tramitar su credencial del INAPAM? Ahí es cuándo veré tristemente que se promocionan tributos a Justin Bieber, One Direction y CD9 enfocados a la misma generación que los coloca como Trending Topics en Twitter en estos momentos.

Por otra parte, en internet me topé con un curioso experimento (si es que así lo puedo nombrar) en donde un tal Paul Marshall, de la estación de rock en Phoenix 100.7 KSLX, juntó el acorde final de muchas canciones de AC/DC (conté 129)… y el resultado fue: ¡lo mismo! Literalmente. Hasta parece que se repiten en ocasiones continuas, pero según él no. Ellos han seguido siempre la misma fórmula para terminar sus canciones y no tienen problema alguno con ello. En una entrevista, Angus Young, guitarrista de la banda, dijo: “Estoy cansado de que digan que hemos grabado 11 álbumes que suenan igual. De hecho, hemos grabado 12 álbumes que suenan exactamente igual“.  Así que nunca esperen un álbum experimental de los australianos.

Quizá las escuelas, así como enseñan a leer y sugieren que lo hagas 20 minutos al día, podrían comenzar con materias de apreciación musical o con campañas desplegadas en los parabuses o redes sociales que fomenten y despierten en el oído novato del niño un interés desde pequeños por el deporte que tanto practicamos nosotros llamado “melomanía“. Quién sabe, igual y en unos años habrá uno que otro Messi melómano que deje de repetir a cada rato: “En mis tiempos sí había buena música“.

 

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